¿Recuerdas tu primera entrevista de trabajo?
Seguro que apenas te acuerdas de los detalles, más allá de los nervios y la incertidumbre por no saber qué iban a preguntarte (y si responderías lo que esperaban… o no.).
Y, de repente, la temida cuestión.
¿Por qué debemos contratarte a ti y no a otro/a?
Los pelos de punta, sudores fríos y un bloqueo total.
¿Y ahora qué digo?